Circunstancial.

Cuando desperté, ahí estaba ella recargada cómodamente en mi pecho, pasé mi mano por su cabello, acaricié su mejilla y mi mano siguió su glorioso camino por su espalda desnuda. Reaccionó lentamente y no pude resistir, moría por besarla nuevamente.

Sabía claramente que solo había sido una noche, estaba consciente de eso. Ni siquiera me importaba su nombre, en ese momento.

Desde aquella noche lo único que pasa por mi mente es el recuerdo de su gloriosa silueta y sigo frecuentando el mismo bar con la esperanza de volver a verla.

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